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Día 44

15 diciembre dUTC 2011

Último día, no es que me vuelva hoy para España, es que estos últimos días que voy a estar aquí no voy a escribir entradas, van a ser días menos interesantes y no tiene mucho sentido ponerlos en el blog, además dentro de nada estaré de vuelta y ya contaré todas las cosas.

Quizás ponga alguna entrada algún día, con algún vídeo o el día antes de salir de casa, pero no lo sé aún.

Los planes que tengo para estos días son normales, ir a ver la final del mundialito con los japoneses que conocí en el bar de flamenco, que me han invitado a ir con ellos, pasar la cena del 24 con Citlali y Ana, acercarme algún día a Yokohama y alguna otra ciudad cercana o repetir el monte Takao.

Como digo cuando esté de vuelta ya os cansaré enseñándoos fotos y vídeos.

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Día 43

14 diciembre dUTC 2011

Ya me arrepentiré, pero hoy me he afeitado. Lo primero, no voy a poner fotos, tengo, el antes y el después, pero no se me ocurrirá ponerlas aquí.

Esta mañana el día ha amanecido bastante nublado. Me han despertado las obras de la calle, pero he dormido un rato más porque sabía lo que iba a hacer y aún tenía que estar seguro. Al final me convencí y fui sobre las 11 a la barbería.

No había mucha gente así que me sentaron directamente y me afeitó una japonesa de al menos 70 años. Supongo que ya tendría experiencia afeitando.

Es la primera vez que voy al barbero y no esperaba algo como en la película de Sweeney Todd, pero tampoco tanto tiempo y tantas cosas.

Lo primero, me recorta la barba. Antes me preguntó que hasta dónde quería las patillas y que si me hacía falta (literalmente) el bigote. No, evidentemente, si me llega a dejar el bigote que tenía me habría parecido mucho a Freddie Mercury.

Una vez recortado cambió de posición el sillón y me tumbó entero. Ya no me veía en el espejo así que no sé exactamente qué hizo. Pero lo primero fue ponerme crema de afeitar en la cara y dos toallas bastante calientes durante unos minutos.

De repente me echa crema de afeitar en la frente. Pero no tengo pelos en la frente… Me afeita los lóbulos de las orejas. Y tampoco tengo pelo, tendré pelitos, aunque ya no, claro.

Y por fin me quita las toallas y empieza a afeitarme. Al principio normal, pero luego empieza a tirarme de la cara para un lado y a darme pellizcos en la piel.

No sé cuánto tiempo estuvo así, pero no fue poco. Cuando terminó me puso una crema fresquita y luego me limpió.

También me preguntó si quería que me afeitase la nunca, no, tampoco gracias. Así que le pagué y me fui directo a casa a ver cómo había quedado.

Como aún podía salir a la calle con la pinta que tenía me fui a almorzar, que era la una y media y tenía algo de hambre.

Desde ahí tomé el tren hacia Shinagawa, un barrio que aún no había visto. Y realmente no tenía mucho que ver, así que volví a casa, que con el afeitado y el día fresco que hace me apetecía ir al sento.

Al final he estado casi dos horas y luego he cenado en casa.

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Día 42

13 diciembre dUTC 2011

Hoy el día amaneció bien, con buen tiempo, así que pensé ir por ahí y dejar las lavadoras que tenía que poner para otro día con peor tiempo. Pero luego lo pensé bien, y si dejo las lavadoras para días con mal tiempo no se secará la ropa o se mojará más de lo que ya estaba.

Así que hoy lo he lavado todo. Ropa, toallas, pijamas, ropa de cama. Al final han sido tres lavadoras, sobretodo porque la ropa de cama, la toalla y el pijama ocupan mucho sitio y la lavadora no es precisamente grande.

Cuando me he dado cuenta era medio día y ya que tenía la habitación libre de ropa y cama me he puesto con la aspiradora, que no está muy sucia, pero no le viene mal.

Almorzar, tender la última lavadora y salir a dar un paseo por el barrio. He aprovechado para ir mirando sitios donde cenar, que me apetecía probar uno nuevo. Al final, bastante lejos, he encontrado uno en el que me convencían tanto los platos como los precios. Así que he vuelto a casa, que ya era de noche, a ver si estaba la ropa seca.

La ropa de cama que es muy fina y además fue lo primero que lavé estaba listo, así que la recogí y la puse, que esta noche tengo que dormir en algún sitio. Del resto había cosas secas y húmedas, así que he dejado parte tendido, mañana estará listo.

Después de eso he salido de nuevo esta vez directamente al restaurante que he encontrado. La comida no ha estado mal, he probado un bol de arroz con carne y cebolla, y una ensalada bastante completa. Como siempre acompañado de una sopa de miso.

El día ha sido eso, no hay mucho más que contar. Al menos tengo todas las cosas limpias.

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Día 41

12 diciembre dUTC 2011

Hoy debía haber fotos, pero no las hay, el motivo sólo lo sé yo, pero sí lo hay.

Como dije el otro día hoy íbamos a almorzar (esta vez lo he escrito bien, almorzar y no cenar) con Yamamoto-san. A las 10.30 habíamos quedado en la puerta y justo a esa hora estaba saliendo y ya estaba ella esperando.

No le apetecía andar hasta la estación así que tomamos un taxi, no tardó mucho, porque no se puede tardar mucho en recorrer un kilómetro en coche, pero costó casi 10 euros que pagó Yamamoto-san y no nos dejó sacar dinero.

Desde ahí tomamos el tren, también nos invitó a los dos, hasta Ikebukuro, donde conocía un restaurante bastante bueno. Justo al lado de la estación, no andamos más de dos minutos, estaba el restaurante. Aunque como aún no eran las once de la mañana estaba cerrado. Hicimos tiempo y acabamos siendo los primeros en entrar.

El restaurante estaba en un sótano, era bastante grande y totalmente japonés. En el centro había una especie de pecera gigante con docenas de peces que se iría comiendo la gente a lo largo del día, aunque antes tenían que prepararlos los cocineros.

En los dos laterales había mesas típicas japonesas, había que descalzarse y subir. Eran bastante cómodas.

Yamamoto-san pidió por los tres, y cuando llegaron las camareras con unas superbandejas de comida pensé que era una para los tres, porque en cada bandeja había ocho platos de comida.

Primero: pudding de huevo con cosas dentro que no sé qué eran.

Segundo: sopa, de miso, supongo.

Tercero: sashimi, de salmón, de atún, y otro que no sé qué pez era.

Cuarto: tempura, de gamba, de batata, creo, y otro más que no conocí.

Quinto: ensalada, de soja con lechuga y una salsa rara.

Sexto: plato combinado con tres cosas muy raras, ni idea de qué eran ni a qué se parecían.

Séptimo: un cuenco de arroz.

Octavo: un platito de verduras encurtidas.

Pues eso fue el desayuno-almuerzo. Porque a la hora que era debía ser desayuno, pero con esa cantidad parece almuerzo. Estaba todo muy rico, sobretodo la tempura, que nos pusieron una salsa especial para tempura. Al principio mezclé la tempura con la salsa de soja porque era lo que hacía Citlali, pero cuando Yamamoto-san nos vio dijo que así no era.

También pidió para beber cerveza. Así que a las once de la mañana estaba tomándome una cerveza con el estómago vacío. Menos mal que fue sólo una.

Cuando terminamos se fue sin decir nada a la puerta y pagó toda la comida. Debió ser bastante cara, no sé exactamente cuanto, pero el menú más barato que vi en la carta eran 25 euros.

Después de eso, y como parece que se quedó con hambre, nos llevó a una cafetería, y pidió tres trozos de tarta, una para cada uno, y cafés y chocolates. El chocolate para mi, claro. De nuevo lo pagó todo ella.

Como no comimos con mucha prisa y estuvimos bastante tiempo hablando nos dieron casi las dos de la tarde. Volvimos a la estación y me regaló una especie de amuleto que debe darme suerte. La verdad es que es un minidemonio al que se le salen los ojos cuando lo giras. No es muy bonito, pero es curioso.

Desde la estación cada uno fuimos a un sitio, ella tenía que salir, Citlali iba a las clases de japonés, y yo me fui al parque de Ueno a estar un rato allí.

El día ha estado bastante bien, me ha gustado mucho el desayuno-almuerzo, aunque no habría pagado ese dinero por almorzar.

Mañana más.

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Día 40

11 diciembre dUTC 2011

Como ayer me dejé la cámara, no me la dejé, pero como si me la hubiese dejado, hoy lo he repetido, que me gustó mucho y quería tener fotos.

Además de lo que conté ayer, que ahora pondré las fotos, he tenido suerte y al final de la calle había hoy montado una especie de feria de la comida, llena de puestos de comida, pinchitos de todo tipo, sopas, castañas, etc. y tiendas con utensilios de cocina. He aprovechado y he pasado por todas las tiendas, por suerte no tenía previsto gastar mucho hoy así que no llevaba demasiado dinero encima, porque si lo hubiese llevado me lo habría gastado igualmente en comida.

Después de eso he estado dando un paseo por un parque cercano y he decido dar un paseo hasta Roppongi, un barrio cercano donde hay dos complejos de edificios que pueden considerarse prácticamente una ciudad. Son Midtown y Roppongi Hills. El primero tiene un rascacielos de 60 plantas y el segundo de 54.

El paseo ha sido largo y no ha merecido mucho la pena, pero ya que estaba por allí, pues me acerqué. Volviendo casi me pierdo, no llevaba el GPS y me pasé la calle en la que tenía que girar, pero me di cuenta unos minutos después.

También vi un concesionario de coches muy curioso. Aquel barrio está lleno de coches de lujo y concesionarios donde los venden, pero este concretamente era especial, porque son coches Tesla. Son coches de gama muy alta, deportivos, pero eléctricos.

Ya de vuelta me he comprado unas chucherías, si pueden llamarse así, porque eran de nuevo trocitos de calamar seco y unas tiras como de carne empanada con salsa, pero venían en bolsas que parecían chucherías.

Hoy no puedo contar más porque no hay más que contar, dejo las fotos del día.

Por cierto, salgo en una de las fotos, ¿alguien me ve?

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Día 39

10 diciembre dUTC 2011

Hoy ha sido un día muy completo. Esta mañana había sol por todas partes, así que aproveché y fui a una avenida que está llena de ginkgos. La tenía pensada desde hacía tiempo, pero como los que iba viendo por la calle aún no tenían las hojas demasiado amarillas pues fui dejándolo.

Ahora resulta que lo he dejado demasiado. Salí sobre las diez y tenía casi una hora de paseo hasta esta avenida y, de camino, vi un camión con publicidad bastante llamativa, así que saqué la cámara y le hice… no le hice una foto. La cámara no tenía batería, pero literalmente, la había puesto a cargar y se me había olvidado en la habitación.

Esta mañana cuando iba a salir me encontré con Yamamoto-san en la puerta y supongo que en parte por la tortilla, quería que fuésemos a cenar los tres, ella, Citlali y yo, así que estuvimos eligiendo día, el lunes que viene, y hora, las diez y media. Con el lío este se me pasó coger la batería, y así me encontré apretando el disparador y sin que la cámara funcionase.

Así que seguí hasta la avenida, ya no tenía sentido volver a casa, casi había llegado. El sitio estaba lleno de gente, haciendo fotos, yo saqué la cámara e hice como si las hacía. Es broma.

Ahora están todos los árboles amarillos, pero con estos días de lluvia y viento se han quedado un poco pelados. Quizás mañana repita la visita para hacerle las fotos, que no puedo dejarlo mucho.

Cuando volvía me paró un japonés para hacerme una encuesta, y mientras la rellenaba me preguntó que de dónde era. Cuando le dije que español lo primero que me dijo fue “flamenco?” ehm… no mucho, no. Lo segundo, “guitarra?”, y le dije en inglés que me gustaría aprender la guitarra. Es la segunda vez que o no me expreso bien o no me entienden bien, se ve que entendió que me gusta tocar la guitarra. Así que me invitó esta noche a una especie de bar donde bailan y cantan flamenco.

Acabo de volver. La verdad es que tenía mis dudas porque podía encontrarme con que me pidiesen que bailase, que no iba a bailar, aunque si fuese imprescindible se puede hacer el tonto y podría parecer que sé algo. Pero sería peor si este japonés, que no me he aprendido el nombre porque debe ser el equivalente de Ermenegildo en Japón (por la dificultad del nombre digo), se acordase de que a mi “me gusta tocar la guitarra” y me diese una, ahí sí que no puedo hacer nada.

Al final, como le dije que iba a ir, he ido, y bueno, no ha estado mal. No me costó trabajo encontrar a este hombre porque no había mucha gente. Me senté con él y algunos amigos suyos y estuvimos hablando un rato. Los que estaban en el escenario creo que bailaban flamenco, pero yo de eso no entiendo mucho.

Al final salimos a un bar norma a tomar algo de picar y nos despedimos. Ahora cuando he llegado a casa me he hecho algo más de cenar que tomamos muy poco.

Fotos, sin batería difícil, y al bar no la llevé, que no sabía cómo sería aquello ni la gente que habría, pero si repito la llevo, a los dos sitios.

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Día 38

9 diciembre dUTC 2011

Otro día frío y no me resfrío. Será porque aquí la gente que está resfriada o con gripe usa mascarilla, o es que los virus de aquí son menos agresivos, también puede ser.

Hoy, con el frío que hacía y las nubes pareciendo querer empezar a llover no era el mejor día para estar al aire libre así que, y aprovechando que hacía tiempo que no me ponía a cubierto, he decidido ir a un museo. De todos los que había me ha convencido el de historia natural.

He tardado un poco en llegar, pero ha merecido la pena. Aunque no voy a poder enseñar fotos porque no dejaban… Pensé hacer alguna, pero como no llevaba la tablet habría sido bastante evidente que estaba haciendo una foto si tengo que sacar la cámara. Además en todas las esquinas había alguien del museo, sobretodo personal ayudando a la gente, porque había bastantes sitios donde interactuar con el museo.

No había audioguía en inglés ni español, pero casi mejor, porque si tuviese que haber escuchado todas las explicaciones tengo que dedicarle una semana entera al museo para terminar de verlo. Las partes más impresionante, al menos para mi, fue la de los dinosaurios, con varios esqueletos gigantes.

Después del museo fui a comer a un restaurante de sushi y no me salió muy barato, pero la comida estaba muy rica. Es de estos en los que hay una cinta y van pasando los platitos con la comida. Lo mejor es que puedes elegir conforme los vas bien.

Aunque he salido bastante abrigado he vuelto pronto a casa porque hacía demasiado frío, he puesto la calefacción, que sigo pensando que calienta muy poco, y he terminado de arreglar el portátil. Le he instalado Linux Mint 12, por fin, y el cambio es abismal, avismal. Cada vez estoy más contento de haberlo comprado, tenga los años que tenga va muy bien. Ahora tengo que intentar actualizarle la bios, que parece que salió hace tiempo una versión que mejoraba el funcionamiento del ventilador.

Bueno, no hay mucho más que contar hoy, y como no hay foto pues os pongo otro vídeo. Este es del cuarto día que estuvimos en Tokyo, volvíamos de almorzar cerca de la estación de Harajuku y empezamos a escuchar música. Pues venía de esta moto. El vídeo está todo lo bien que pudimos, lo grabó Jaime, y es a él al que se le escucha preguntando si la música venía de la moto, y sí, venía de la moto.

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Día 37

8 diciembre dUTC 2011

Hoy acabaremos pronto porque el día ha estado muy malo y no he hecho casi nada. Tenía pendiente el desayuno, que hoy iba a probar uno típico japonés, y así ha sido.

A las diez estaba pidiendo el desayuno completo, un bol grande de arroz, una sopa de miso, una ensalada, un huevo frito con una salchicha y, el plato que quería probar, un tarrito de natto.

El natto es soja fermentada, nada más. Me apetecía probarlo, pero ahora no quiero repetir. Quizás sea que no sabe a nada, que el olor, aunque no muy intenso, es algo desagradable o, seguramente, la textura.

No podréis olerlo o probarlo, pero se me ocurrió traerlo para grabar un vídeo. Ya aviso que no es un gran vídeo, tenía que sujetar la tablet con una mano, pero quizás os hagáis una idea de como debe ser comer eso.

Como dije el vídeo no es nada bueno, os recomiendo ver algún otro. De todos modos, en el vídeo también puede verse una esquina de un portátil. Es el nuevo ordenador viejo.

Ayer, como dije, estuve mirando tiendas y al final hoy he vuelto después de desayunar y he comprado ese ordenador.

Es nuevo porque lo he comprado hoy y viejo porque es de segunda mano y además bastante antiguo. Me ha salido muy barato, unos 80 euros, aunque la batería no le funciona. Me gusta mucho, hacía mucho que quería tener este modelo en concreto, pero el precio al que se podía comprar en España era bastante superior, y no tenía sentido gastárselo en un portátil antiguo.

Cuento un poco lo que tiene dentro, para quien le interese; un procesador Core 2 Duo T7300, 2 GB de RAM, 120 GB de disco duro, y bueno, más cosas que no vamos a contar con él delante.

Esta tarde la he dedicado a instalarle el sistema operativo y prepararlo para trabajar en español. Como se ve en la imagen he conseguido instalárselo, aunque me ha dado más problemas de los que esperaba, no él, más bien Linux Mint que era lo que quería instalar. Al final le he dejado Ubuntu hasta que vuelva a España y tenga un lector de CD externo.

Eso ha sido todo el día. Desayunar, comprar el ordenador y prepararlo. Ahora ya funciona perfectamente, va muy muy bien y tengo un mes de garantía, espero que no me haga falta.

El día como dije ha estado muy mal, no llovía mucho pero no paraba, espero que mañana mejore y poder hacer algo más interesante.

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Día 36

7 diciembre dUTC 2011

Hoy ha tocado día de lluvia. Pero no me apetecía quedarme en casa así que he cogido un paragüas, me he puesto la chaqueta y los guantes, que hacía bastante frío, y me he ido a hacer senderismo a la montaña.

No, es broma claro, me he ido a Akihabara a mirar tiendas y tiendas, pero esta vez de informática, de las que a mi me gustan, y se me han pasado las horas volando. Llegué allí sobre las diez de la mañana y cuando me dí cuenta eran más de las dos.

Están bien las tiendas aquellas, aunque son un poco exagerados con los disipadores, no he podido hacer ninguna foto porque con el día que hacía no quería llevarme cámaras, pero habría hecho alguna que otra. Tenían unos disipadores casi tan grandes como las placas base, y no estoy exagerando. Había alguno de al menos 24×24 centímetros y otros tantos de alto. Yo no sé que quieren enfriar con eso.

El día no ha sido más que eso, ver todo tipo de placas base, ordenadores, ratones, incluso había una tienda donde sólo vendían teclados de ordenador. Alguno curioso tenían, por ejemplo uno que era un espejo, sin teclas, pero que al tocarlo se iluminaba y mostraba las letras sobre las que podías tocar. Debe ser bastante incómodo pero muy sencillo de limpiar.

Cuando volví a casa descubrí que teníamos timbre. Estando en la habitación escuché lo que, si estuviese en España, diría que es un timbre, pero como hace más de un mes que no hoy uno dudé. Así que salí al salón y no había nadie, pero como dudo que el pulsador del timbre esté dentro de la casa decidí mirar fuera y allí había un repartido. Empezó a hablarme en japonés y no entendí nada, pero  supongo que se puede deducir lo que estaba diciendo, así que le pregunté por el nombre y resultó ser la hongkonesa. La avisé, porque ni aún llamando a casa sale de su habitación, y ya se entendieron ellos.

Ahora acabo de volver del supermercado, que he ido a comprar la cena a las tantas de la noche, y he aprovechado para volver atravesando el cementerio. Creo que no repetiré, aunque el otro camino sea un poco más largo.

Mañana volveré a decidir en función de como esté el día, espero que haga un gran sol, al menos por la temperatura.

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Día 35

6 diciembre dUTC 2011

Breve resumen del día: no sale el sol, no sale el sol, parece que está nublado, al parque, a comer, llueve, llueve, a casa, llueve.

Ahora para los que tengan ganas de leer. Esta mañana me he levantado extrañando la luz del sol, que siempre me da de lleno en la cara porque aquí las persianas se ve que no existen. En sustitución, no se si para el sol o para cuando venga un tornado, tengo en el cuarto una especie de ventana de chapa que cuesta la misma vida mover.

El día amanecía totalmente nublado, y lo malo no es eso, ni que llueva, lo malo es la temperatura. Los días despejados se está bastante bien, hace una temperatura muy agradable, pero en cuanto entra la noche, o si no llega a verse el sol, hace bastante frío, unos 2 ó 3 grados según los termómetros que veo por ahí.

Pero aunque el día no era el mejor de todos, hay que aprovechar, que puede que mañana empiece a llover y no pare en una semana, así que salí hacia el parque que ayer estaba cerrado y hoy abierto. Una de las cosas buenas de que el día esté así es que cuando entré en el parque no había casi nadie. Podía estar paseando durante diez minutos y no cruzarme más que con un pato y dos palomas.

Este parque no era tan bonito como el del otro día, quizás porque era un estilo más occidental, pero quedaba curioso el contraste entre la parte del parque occidental y la oriental. En la parte occidental hay muchas esplanadas de cesped y estaba lleno de rosales. Además, cada rosal tenía un cartel donde ponía el nombre de la especie, algunos datos más y la fecha en que fue plantado ese ejemplar en concreto.

Empecé a ver que había algunos bastante viejos, era fácil ver carteles de 1960 o 1950, pero cuando llegué a la última parte del parque encontré algunos más antiguos, el más viejo de todos era de 1900, tenía más de un siglo.

En la parte japonesa en cambio había muchísimos árboles, casi todos arces, y un estanque con peces que se podía atravesar por muchos puentes de piedra chiquititos. También había una cascada de 10 metros (según dice el mapa que dan en la entrada).

Estuve bastante tiempo dando vueltas y recorriendo todos los caminos, pero llegó la hora de irse. Por un lado ya no notaba los dedos, apretaba el disparador de la cámara con el codo, y necesitaba agarrar un bol de sopa calentita, y por otro lado iba siendo hora de comer y tenía bastante hambre.

Fui a un restaurante y me pedí un plato de arroz con curry que, aunque no estaba malo, podría haber estado mucho mejor.

De vuelta a casa, que el día cada vez estaba más oscuro, empezó a chispear y poco después de entrar empezó a llover y hasta ahora no ha parado.

No sé qué haré mañana, depende de como esté el día. Por ahora dejo algunas fotos de hoy.

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Día 34

5 diciembre dUTC 2011

Hay días que salen las cosas bien, y días que no. Hoy es de los que no.

Amaneció muy buen día así que decidí ir a otro parque que también debe estar muy bien y que es de un estilo distinto a los que he visto hasta ahora porque mezcla el tipo de parque occidental con el oriental.

Después de todo el camino me doy cuenta de que hoy, y sólo hoy, está cerrado por mantenimiento. No es que cierren todos los lunes, ni que esté cerrado esta semana, es que hoy día 5 no abre, el resto de días del mes, sí.

Pero bueno, no pasa nada, porque como soy previsor, preví que podía acabar de ver el parque pronto, como así fue, sólo vi la puerta, y había buscado otro parque cercano. Cuando llegué al segundo parque me encuentro con que directamente no tiene puerta. Hay una pared blanca donde indican que están arreglando el parque y que estará varios meses cerrado. Esto lo deduzco yo de un cartel donde se ve el dibujo de un operario y salen varios meses marcados.

Pero tampoco pasa nada, porque he visto en un mapa, de camino al segundo parque, que hay un tercer parque relativamente cerca de donde estoy, así que allá vamos, que no sea por no intentarlo. En este parque sí puedo entrar, pero parece que esté de vacaciones porque lo más interesante, un canal de agua, con un lago y piedras colocadas para poder atravesarlo, no funciona. Está todo seco.

En vista de que hoy no es el día y de que, de parque en parque, se ha me está pasando la hora de comer, me vuelvo dando un paseo hasta el principio y almuerzo un plato de arroz con curry y una sopa de miso.

Lo cierto es que ya no tengo más planes, así que vengo a casa, hago algunas cosas que tenía pendientes y, estando en la habitación hablando por teléfono, escucho voces fuera. No sé si están hablando en inglés, en japonés o en español. Al poco tiempo salgo y es Citlali y Ana, una amiga Asturiana que cumple años hoy. Me quedo un rato con ellas hablando y al final acaban dándome más de las diez de la noche, nos despedimos y quedamos en vernos el jueves a las nueve y media de la mañana para ir a tomar un desayuno japonés.

Como imagináis hoy no hay fotos, podría haberle sacado algunas a la pared blanca del segundo parque, pero no había muy buena luz y bajaría el nivel que conseguí con las de ayer.

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Día 33

4 diciembre dUTC 2011

Hoy ha hecho un día perfecto. Quizás el que lleve varios días lloviendo ayuda a que lo vea así, pero lo cierto es que, independientemente de mi forma de verlo, no ha habido ni una sola nube y temperatura suficiente como para ir en magas cortas sin nada por encima.

Por la mañana, y viendo el buen día que hacía me levanté, desayuné y salí con la cámara hacia el parque. Sobre las once menos cuarto entré y estuve dando vueltas casi cuatro horas. Desde fuera el parque parece mucho más chico de lo que en realidad es, una vez entras tienes que parar cada pocos pasos a mirar unos árboles, un puente y a hacer fotos.

En definitiva, el parque merece mucho la visita, quizás lo único que no me ha gustado tanto es que, al ir en domingo, había bastante gente.

A las tres largas decidí salir, que tenía hambre y dentro no se podía comer, pero, en lugar de volver por el camino de siempre, se me ocurrió improvisar. Improvisando y sin el GPS tardé más de una hora en lo que deberían haber sido 15 minutos. Tuve dos problemas principalmente, el primer fue confiarme y el segundo ser cabezota.

Había visto en el mapa que me dieron en la entrada del parque que la estación de Komagome, que es la anterior a la de Sugamo, la de casa, estaba más cerca del parque, así que pensé pasar por ella y después seguir las vías, pero tardé demasiado poco tiempo en llegar a la estación, así que supuse que las vías giraban en algún punto y que lo más lógico era continuar, sin seguir las vías hacia la siguiente estación, que es donde iba, y girar más adelante donde yo creía que debía ser más o menos la altura de la estación de Sugamo.

Pensé que debía haber una avenida grande que llevase hasta la estación así que avancé por Komagome en busca de esta avenida que nunca apareció. En varios momentos pensé dar la vuelta y seguir las vías, que sin duda llevan a donde yo quería, pero después de bastante minutos andando (y aunque seguía siendo si no la mejor opción, la más segura), descarte volver y preferí seguir probando suerte.

Al final lo que conseguí fue dar un rodeo de varios kilómetros. Pero me gustó pasear por ese barrio, encontré un supermercado bastante siniestro, con unos dependientes muy raros y sin clientes, una calle muy estrecha llena de tiendas por todas partes, pero sólo había fruterías, floristerías y peluquerías, una mezcla un poco rara.

Como llevaba todo el día haciendo fotos, guardé la cámara y en todo el camino no hice ninguna, en cualquier caso lo tengo cerca y puedo volver cuando quiera. De vez en cuando veía algo curioso, pero seguía caminando, principalmente porque aún no sabía donde estaba y tenía que comer. Pero llegó un momento en el que tuve que sacar la cámara y hacerle una foto a una furgoneta. No voy a explicar cómo era, mejor verla en las fotos. Si hubiese sido un coche habría resultado llamativo y quizás también le hubiese hecho la foto, pero ¿quién hace eso con una furgoneta?

Después de encontrar las vías de un tranvía que pasa por Sugamo, si es que es el mismo, pensé que iba bien, y efectivamente en unos quince minutos llegué a casa, aunque yo lo que quería no era ir a casa, quería ir a la estación a comer, así que seguí caminando otro cuarto de hora más.

Conseguí comer, volver a casa y descansar un rato. Pero no demasiado porque aquí se cena pronto y como dije ayer, quería hacerle una tortilla de patatas a Yamamoto-san. Así que poco después empecé con la misma tarea que ayer y de nuevo sin atún porque es domingo y no pude comprarlo.

Esta vez no le he hecho foto a la tortilla, pero ha salido más o menos igual que la de ayer, espero que algo más sabrosa, porque le he echado más sal. Se la he subido a Yamamoto-san y creo que le ha gustado, aunque sólo sea la pinta y que estaba calentita. Ya me dirá y ya veremos si me entero de lo que me dice.

Dejo algunas fotos.

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Día 32

3 diciembre dUTC 2011

Pensaba, porque lo ponía en la web del tiempo, que hoy haría mejor día que ayer. Y tal y como empezó no parecía que fuese a ser así. Anoche no paró de llover, al menos que yo sepa. Esta mañana seguía lloviendo y bastante. Tenía previsto salir, aunque sólo fuese para ir al supermercado y a almorzar.

Me iba a preparar contra lluvia y frío y poco antes de salir dejo de llover y salió el sol. De hecho iba con manga corta y casi me sobraba la chaqueta.

Esto fue un rato antes de la hora de comer, y como no sabía si los siguientes días iban a ser así decidí ir a dar una vuelta en lugar de al supermercado o a almorzar, que ya podría hacerlo después.

Esta vez no he encontrado nada interesante ni que merezca la pena destacar. He aprovechado para mirar algunas cosas que quiero comprar para cuando vuelva a casa, saber dónde las venden y no tener que estar buscando más adelante. También entré en las fruterías y tiendas de este tipo para ver qué ingredientes hay porque hoy me apetecía cocinar.

He comprado una decena de huevos, cinco patatas (que no sé cuánto pesarán, aunque no eran muy grandes), varios pimientos, una cebolla y un litro de aceite de oliva.

La mayoría de los ingredientes tenían un precio normal, pero por un lado las cinco patatitas me han salido a tres euros y el litro de aceite a 5, y eso porque he tenido suerte y lo he encontrado en otra tienda, que en el supermercado el medio litro costaba 4 euros.

Y ¿qué podemos cocinar con estos ingredientes? una tortilla de patatas. Me apetece prepararle una tortilla a Yamamoto-san y como es mi primera tortilla de patatas (de las otras ya he hecho), lo que he hecho ha sido prepararme una para mi hoy y según cómo salga prepararé otra mañana corrigiendo los fallos.

Ha salido rica, le falta algo de sal, pero también es cierto que le falta el atún, así que si mañana compro la lata de atún le echaré la misma sal que hoy. También se pegó un poco al principio porque la sartén está vieja, pero con mucha suerte conseguí que saliese bien y con el desperfecto mirando hacia el plato.

Hoy no hay mucho más que contar, a ver si mañana hace buen día y me voy a uno de los parque que quiero visitar.

Os dejo el antes y el después, parece un poco quemada, pero sólo lo parece.

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Día 31

2 diciembre dUTC 2011

Hoy tampoco es el día. Se entiende que todo este mes pasado con días casi perfectos tenían que compensarse y ahora están llegando todos juntos.

Esta mañana no me he levantado a las 8 porque me acordé de quitar la alarma que puse hace dos días cuando Jaime tenía que irse, ayer me despertó, pero conseguí volver a dormir, por la noche no sé cómo recordé que no la había quitado. Así que me he levantado sobre las 9 y después de desayunar salí a ver qué día hacía antes de quitarme el pijama y vestirme, que luego me encuentro con sorpresas.

El día estaba incluso peor que ayer, llovía más y hacía (y aún hace) más frío. Así que decidí esperar un poco a ver si mejoraba.

No se arregló mucho, pero sobre las doce y media ya no llovía, así que salí de casa a un parque que me había recomendado Yamamoto-san. Cuando llegué todas las puertas estaban cerradas. Empecé a recorrer el perímetro en busca de alguna abierta y encontré la principal, donde descubrí que el parque era de pago, 3 euros entrar.

No me importa pagar para entrar, pero hoy no era el mejor día, ya era casi la hora de comer y con el frío y las nubes que había no creo que disfrutase tanto como con Sol y calorcito.

Así que me dediqué a explorar el barrio en busca, primero, de un sitio donde comer. Me decidí al final por uno de ramen bastante normal, no era precisamente barato pero la comida estaba rica. La camarera me dijo que el plato picaba bastante, pero le dije que no importaba porque, como nos había dicho Citlali, lo que aquí llaman “picar mucho” en España (y sobretodo Méjico, supongo), no es para tanto.

Después de eso, y a pesar de que lo que me apetecía era volver a casa y ducharme con agua muy caliente, continué explorando el barrio, mi barrio, esta vez entrando en cualquier tipo de tienda, aunque las que más abundan son de comestibles, todo a 100 yenes y fruterías. Aproveché para comparar precios con los del supermercado en el que suelo comprar y la verdad es que no está tan bien como yo pensaba.

He encontrado los huevos un 25% más baratos, los sobres de sopa un 12% (este era fácil de hacer porque en un sitio costaban 100 yenes y en el otro 88), y sobretodo las patatas y las zanahorias, que estoy pensando hacer curry, bastante más baratas.

Ya cerca de las cinco y con bastante frío volví a casa, sobretodo porque parecía que iba a volver a empezar a llover y no se me había ocurrido coger ninguno de los cerca de veinte paraguas que hay en casa. No me quiero imaginar el frío que tendría si además estuviese empapado.

Mañana intentaré ir a este parque a ver si lo veo por fin, pero todo dependerá de si hace buen tiempo o no, hay varios parque más que quiero ver, pero no voy a ir si el tiempo sigue así.

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Día 30

1 diciembre dUTC 2011

Entrada cortita y rápida, que son las 12 de la noche, aún no he cenado y el día ha sido corto.

Esta mañana, después de revisar varias veces que llevaba las llaves de Jaime encima, salí de casa hacia las oficinas de Sakura House. Como ayer el día fue fantástico (climatológicamente hablando) decidí dejar la chaqueta en casa y salir con una manga larga nada más.

Nada más salir me encuentro con que hace un frío polar, de hecho me crucé con varios pingüinos con chaqueta y bufanda, un día oscuro y algo de llovizna. Como ya había cerrado y cambiarme implicaba volver a abrir las dos puertas, quitarme y ponerme de nuevo los zapatos y cambiar las cosas de bolsillo, decidí salir tal como iba. Sin duda fue un gran error.

En el tiempo que dura el trayecto de casa a la estación dejé de sentir la nariz, se me congelaron las manos y por último los pies. En el tren tenían puesta la calefacción, así que todo se arregló, pero por poco tiempo, ya que en Shinjuku tuve que salir al frio y la lluvia. Con el tablet en la mano, con lo que no podía más que llevarla fuera de los bolsillos, y andando lo rápido que podía, entré en las oficinas de Sakura House.

No hubo muchos problemas para que me diesen los 20 mil yenes de fianza, quizás lo más engorroso fue que las articulaciones congeladas no me permitieron soltar el tablet y firmar con el boli, esto es broma, claro.

Desde ahí, con casi 250 euros en el bolsillo, porque también llevaba 5 mil yenes míos de otro día, fui a la librería a recoger el libro que tenía encargado. Esta vez evité pasar por las otras 8 librerías donde no lo tenían. Aquí también fue muy rápido, la encargada se acordaba de mí y cuando me vio entrar sacó el libro y me lo dio.

Ahora, sin paseo a pie, ni siquiera medio kilómetro, que hacía incluso más frío que antes, quizás porque ya no llovía, volví a casa. Antes paré en el restaurante a tomar el almuerzo, una sopa calentita y arroz con curry.

En casa he estado desde entonces. Preparando Skype para llamar a todos los sitios que tenía que llamar, limpiando con la aspiradora la habitación y duchándome.

A media tarde llegaron dos trabajadores de Sakura House, se suponía que no tenía que venir nadie, a revisar que la habitación, después de que se fuese Jaime, seguía bien. Me dijeron que no había ningún problema y estaba todo correcto.

El día acaba ahora, cenando un bocadillo de ensalada de pasta. No hay fotos porque no me ha dado tiempo, pero mañana pongo dos, que no son nada interesantes, pero para que haya alguna.

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Día 29

30 noviembre dUTC 2011

Hoy se ha ido Jaime. Esta mañana nos hemos levantado a las 8 y hemos recogido la habitación entera, se ha quedado como el primer día. Yo pensaba que vendría alguien de Sakura House a recoger las llaves de Jaime y lo que era sólo suyo, el futón, su vaso, cubiertos, etc. Luego descubriría que no es así, aunque tampoco le venía mal a la habitación que la ordenase.

Hemos salido de casa a las ocho y media y a las nueve estábamos en la estación de Nippori, desde donde sale el tren que iba a tomar Jaime hacia el aeropuerto. Ha comprado el billete y ya hemos ido cada uno por un lado.

Yo he tomado el tren de nuevo hacia la estación de Shinjuku, que tenía que ir a las oficinas de Sakura House para pagar Diciembre, firmar el documento donde digo que dejo la habitación el día 27 (ya veré qué hago esa noche), recoger la fianza de Jaime y concretar la hora en que viene alguien a revisar que todo en la habitación está bien.

Lo primero, pagar Diciembre y fijar la salida de la habitación y revisión, sin problema, ya está todo listo. Al final no se ha subido demasiado la habitación respecto a dos personas porque los días 27 a 31 no me los han cobrado.

El problema ha sido que, como yo pensaba que alguien vendría a casa a revisar que todo estuviese bien, he dejado las llaves de Jaime en la habitación. Ricard me ha dicho que puedo recoger la fianza el 27 junto con la mía o ahora (lo cual tiene mucho más sentido para no encontrarme con 40.000 yenes el último día), pero que si era ahora tenía que darle las llaves porque a casa no viene nadie hasta mi último día, que se revisa lo de los dos.

Así que he quedado con él en que mañana me pasaré de nuevo por la oficina, esta vez sí, con las llaves. Ya tengo cosas que hacer. También voy a preguntarle algunas dudas que tengo sobre el último día, el inventario, y esas cosas.

Después de salir de las oficinas ha empezado mi recorrido. Tenía apuntadas una serie de librerías por las que tenía que pasar en busca de un libro que me han encargado. No tenía mucho sentido ir en tren, porque había elegido librerías de forma que pudiese recorrerlas todas en línea.

En total he entrado en 8 librerías y en ninguna tenían el libro. Al final he decidido ir a la que, aunque estaba más lejos, creía que debían tenerlo. Y tampoco lo tenían, pero me han dicho que me pase mañana, que me lo buscan en otras librerías y me lo traen.

Al final he encontrado el libro, pero he tenido que andar, según he contado en Google Earth, unos 18 kilómetros, de librería en librería, y de vuelta a casa, que ya que estaba andando no iba a parar.

Cuando he llegado al barrio he ido directamente al restaurante de siempre, que eran las tres y media de la tarde y llevaba horas andando, y al final con bastante hambre. He ido a lo seguro y he tomado arroz con panceta y sopa de miso.

Al llegar a casa me he duchado, y cuando he vuelto a la habitación ha llamado a la puerta Yamamoto-san. Venía a despedirse de Jaime porque pensaba que se iba mañana. Pensaba eso porque en Sakura House habíamos puesto que se iba mañana para que así yo no tuviese que ir dos veces a la oficina.

Yamamoto-san se ha ido un poco triste porque quería despedirse, pero a los cinco minutos ha vuelto a llamar y me ha regalado una bolsa con comida, traía una mandarina, un plátano, dos sobres de jamón cocido, un dorayaki, una bolsa de bollitos y un zumo de 30 frutas y verduras. Ya me he tomado el plátano, el dorayaki y el zumo.

Pongo algunas fotos que he hecho en el camino entre librerías, que también ha sido interesante ver esa parte de los barrios que no suele verse.

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Día 28

29 noviembre dUTC 2011

Hoy ha sido un día en casa. No hemos ido a ningún sitio porque es el último día de Jaime, mañana se va, y hay que prepararlo todo.

Nos hemos levantado sin prisa porque daba tiempo a hacerlo todo. Lo primero, lavar la ropa de cama. Hemos quitado las fundas de los futones y de la almohada y la hemos lavado y tendido. Esta noche ya estaba seca.

También hemos recogido la ropa que faltaba por secarse de las dos lavadoras de ayer. Esto era importante porque la mayoría era de Jaime y tenía que llevársela.

Con todo lavado y recogido ha empezado a organizar las dos maletas, la de mano y la facturada. Al final le ha quedado una de 18 kilos, dos menos del límite, en la facturada, y unos 7 kilos en la de mano, tres menos del máximo. No creo que tenga ningún problema en el aeropuerto por peso ni tamaño.

Mañana por la mañana saldremos temprano hacia la estación de Nippori. Lo voy a acompañar hasta el tren que lo lleva al aeropuerto por una parte para ayudarle con las maletas en el metro y por otra por si hubiese algún problema, que espero que no lo haya.

Después de eso iré a las oficinas de Sakura House a pagar el segundo mes, esta vez yo solo y algo más caro, y fijar un día para que vengan a revisar la habitación y darme la fianza de Jaime.

Hoy no hay mucho más que contar, hemos almorzado donde siempre, algo tarde, porque salimos sobre las dos y media de casa, pero aún así no nos han puesto ningún problema, incluso llegó gente después de nosotros.

Ah, Jaime ha hecho algunas fotos de la casa, las distintas habitaciones, las voy a poner, que son las únicas fotos que puedo poner hoy. Esa es nuestra casa.

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Día 27

28 noviembre dUTC 2011

Hoy el comienzo del día ha sido apasionante. Nos hemos levantado tranquilamente y hemos puesto la primera lavadora. En cuanto ha acabado hemos sacado la ropa y sin haberla tendido hemos puesto la segunda. Después de eso hemos tenido que volver a la habitación a descansar.

En un rato salimos y tendimos la segunda. El día no estaba muy bueno como para poner lavadoras, pero tampoco podíamos esperar mucho porque Jaime se va pasado mañana. Estaba nublado y no corría viento, pero al menos parece que no ha llovido. De todos modos cuando hemos llegado la ropa estaba cambiada de sitio, en una zona donde hay tejado. La habrá cambiado Yamamoto-san para que no se humedeciese mucho esta noche.

Después hemos ido a la estación y hemos comido al lado. Yo, sin querer, he probado un plato nuevo. Pensaba que estaba pidiendo el del otro día, que era también nuevo y me gustó mucho y se ve que no le dí al botón que era. El de hoy no estaba malo, pero no tan bueno como los otros. Este era un filete empanado acompañado de lechuga cortada muy gruesa y panceta, todo bastante caliente y con una salsa algo dulce. Además, como siempre, un bol grande de arroz y una sopa de miso.

Ahora sí, nos montamos en el tren para ir al museo Ghibli. Tardamos un poco más de lo esperado porque uno de los dos trenes que tenemos que tomar no hace el recorrido completo y debemos bajarnos en una estación intermedia y esperar el siguiente, que no llega hasta casi un cuarto de hora después. La entrada al museo era a las 16:00 y hemos llegado a las 16:15. De todos modos hemos tenido tiempo de verlo todo y repetir algunas partes.

La primera parte del museo trata de técnicas de animación antiguas y hay demostraciones donde puedes ver funcionando algún que otro aparato bastante antiguo. Esta parte es interesante pero no tiene demasiado que ver con Ghibli aunque los ejemplos estén relacionados con las películas.

Subiendo a la primera planta todo empieza a ser más interesante. Empezamos viendo unas habitaciones con cientos de bocetos de películas, recreaciones del despacho de Miyazaki, de los estudios donde realizaban las películas, etc.

Y de ahí pasamos a la mejor parte de todas, tanto a Jaime como a mi es lo que más nos ha gustado, y es difícil que coincidamos en algo. El gato bus. El autobús gato que aparece en la película de Mi vecino Totoro. Está hecho en tamaño real y puedes entrar y sentarte. Sin duda los autobuses deberían ser así, es mucho más cómodo, forrado de piel de gato (no de gatos de verdad, claro). Una pena que no se puedan hacer fotos porque esa habría estado muy bien.

Después de eso subimos a la última planta y vemos otro gato bus más pequeño para los niños y la tienda de regalos. Continuamos subiendo y llegamos a la azotea donde está el robot guardian del museo, de la película El castillo en el cielo. Ahi sí podemos hacernos una foto.

Volvemos a pasar por el gato bus, nos sentamos unos minutos, y continuamos hasta la planta baja, que hay una proyección de unos 15 minutos de un corto de Ghibli. Está en japonés pero más o menos se entiende, aunque no habrían estado de más unos subtítulos en inglés.

Salimos del museo a las seis, justo cuando cierra, y nos quedamos en la puerta pues hemos quedado con Rika, una japonesa que conocimos en el bar donde se habla castellano. Cuando llega vamos dando un paseo hasta la estación, donde están la mayoría de bares y restaurantes de la zona. Nos pregunta si tenemos hambre, y como son menos de las siete le decimos que no mucho, pero ella debe tener bastante porque es su hora de cenar.

Al final vamos a una cafetería donde medio merendamos, así los tres contentos. Cada uno elegimos un pastel y cuando llegamos a la caja nos pregunta Rika que qué queremos tomar. Como soy yo el que está más cerca de ella le digo, literalmente, “We don’t like coffee, just water”. ¿Qué pasó? que nos pidió un café a cada uno. No sé si lo que dije era totalmente correcto, pero creo que se entiende que le he dicho que No nos gusta el café.

Nos tomamos los pasteles y el café, que al menos era con leche y no sabía mucho a café, aunque tampoco es que estuviese bueno. Jaime me pregunta, antes de probar el suyo, si estaba muy amargo, y luego se lo toma sin azúcar.

Estuvimos bastante tiempo en la cafetería, aproximadamente dos horas y media. En ese tiempo Rika nos enseña muchas fotos de su cámara de fotos y su móvil, fotos en Barcelona, Francia, Londres, no para de viajar. Y saca su libro de español donde hay mapas de España, comidas típicas, frases útiles, acompañadas siempre de algún dibujo explicándolo. Los mejores eran los de una cabra que, a veces salía comiendo y otras, para ladrón, con un pañuelo tapándose la boca y una pezuña agarrando un cuchillo gigante.

Como ya era algo tarde y mañana tenemos muchas cosas que hacer, sobretodo ella que según nos ha comentado trabaja 10 horas al día seis días a la semana, de 9 de la mañana a 9:30 de la noche, nos despedimos y volvemos a casa.

Ya hemos cenado ramen y algún acompañamiento y estamos preparándonos para mañana hacer el equipaje, poner otra lavadora y revisar los últimos detalles.

Dejo las pocas fotos de hoy, pocas porque no nos han dejado hacer más.

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Día 26

27 noviembre dUTC 2011

Akihabara. Nos vamos a mudar a Akihabara, es la cuarta vez que vamos. Creo que empiezo a conocerme algunas tiendas de memoria, y eso que yo memoria no tengo. No me parece mal porque es un sitio donde siempre encuentras cosas nuevas, pero te arriesgas a gastar mucho dinero.

Hoy hemos ido para las últimas compras de Jaime, que ya se va este miércoles y el resto de días va a ser muy difícil ir. No hemos perdido demasiado tiempo porque sabíamos a qué tiendas íbamos a ir, incluso a qué planta y dónde estaba cada cosa. Luego, una vez delante de las alternativas, ha sido otra cosa, había que decidir y eso ha alargado el día bastante.

Yo he encontrado el cable para el iPod que compré el otro día, que no traía, y me ha costado sólo dos euros. Pero he estado a punto de gastarme 500. Y es que vi un macbook air de segunda mano pero como nuevo, de 11 pulgadas, su disco duro SSD… y rebajado de 65000 yenes a 50000 sólo por hoy. Me he resistido y no lo he comprado, me he puesto como excusa que el teclado está en japonés, aunque sé perfectamente que por muy poco dinero se compran las teclas españolas y se cambian.

Ya no hay más que contar del día. Hemos acabado pronto. Mañana será más interesante, sobretodo porque iremos al museo Ghibli y, lo más importante, pondremos la tercera lavadora.

Salvo que queráis una foto del cable del iPod, que se la hago si me la pedís y la pongo, no hay fotos hoy.

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Día 25

26 noviembre dUTC 2011

Creo que hoy ha sido el día que más hemos madrugado.

Como dije, teníamos pensado ir al mercado de Tsukiji, la lonja de pescado de Tokyo. Según leímos había que estar bastante temprano allí, Jaime me preguntó que a qué hora nos levantábamos y yo, como prefería no saberlo, porque iba a ser temprano, le dejé elegir a él. La alarma creo que sonó sobre las cuatro y pico de la mañana.

Qué sueño. Pero nos levantamos y, después de prepararnos, escribir un email a Sakura house y vaciar la tarjeta de la cámara, salimos. A esa hora no había demasiados trenes, creo que es la vez que más tiempo hemos esperado para subirnos en la línea Yamanote, unos 13 minutos. Se juntó que era sábado y que no eran mucho más de las cinco de la mañana.

Después de más de un cuarto de hora en el tren, otros veinte minutos en el metro y un rato caminando, llegamos al mercado. Encontramos sin mucha dificultad la zona donde hay que apuntarse para asistir a la subasta del atún, que es lo que veníamos a ver, y un guarda nos dice que la última subasta ya ha terminado y no hay más hoy.

Son poco más de las siete de la mañana y en lugar de durmiendo en el futón, estamos al lado de un edificio gigante lleno de pescado muerto pasando frio, porque hacía bastante viento y aunque había luz solar no había ningún sitio donde diese el Sol.

Así que decidimos recorrer las tiendas y restaurantes que hay en la zona pública del mercado. Sobretodo son verduras, pescados, restaurantes basados en el pescado fresco y utensilios de pesca y preparación del pescado (cuchillos, pinzas, etc.).

Después de ver la mayoría de las tiendas y pasar más frío nos vamos al metro, que al menos allí se está calentito. Vamos a ir a Odaiba, la bahía de Tokyo. El terreno sobre el que se construyeron los edificios antes era mar, son islas artificiales conectadas con Tokyo por autopistas elevadas, trenes y metros.

En la guía no explica muy bien cómo llegar, así que miro el mapa y me parece identificar lo que debe ser la bahía, así que vamos andando, que otra cosa no, pero tiempo tenemos de sobra.

Después de andar bastante y llegar a una estación decidimos seguir andando hasta la siguiente, y de ahí a la siguiente. En esta ya podemos decir que estamos en Odaiba. Ahí compramos un pase de un día completo para usar el tren/bus, los ferris y una línea de metro. Todo para dentro de la bahía.

El tren/bus es un tren cuyo recorrido completo es elevado. Además, es un tren salvo que en lugar de ir sobre railes tiene ruedas y va sobre carretera. Podría ser un autobús con forma de tren o un tren con ruedas de autobús. Yo me quedo con lo segundo. Otra cosa importante es que no hay maquinista/conductor. El tren está compuesto por cuatro vagones y en las únicas personas que van en el tren son los viajeros. De hecho te puedes sentar donde debería estar el maquinista, que es donde nos sentamos.

Estuvimos recorriendo la bahía de una punta a otra, en tren, en ferry, andando. Viendo los pocos sitios que hay realmente interesantes. Fuimos a un museo que tenía buena pinta, pero entre que ya era tarde y el edificio grandísimo, y que había una cola inmensa que no se movía, decidimos descartarlo.

También intentamos subir a uno de los rascacielos desde los que se supone que hay una buena vista de Tokyo. Pero es un hotel donde no parecía que dejasen subir a la planta más alta. Estuvimos mirando por un lado y por otro pero al final decidimos ir al siguiente punto.

Hicimos alguna foto junto a una réplica de a estatua de la libertad, fuimos al edificio de Panasonic y a un parque de atracciones de Sega.

Después de muchas vueltas de una punta a otra (el transporte era gratis), volvimos a casa y descansamos. Que desde que nos levantamos esta mañana no hemos parado de caminar y acumular frío.

Mañana no sabemos aún qué haremos, estamos viendo varias opciones, pero ninguna de madrugar espero.

Las fotos de hoy.

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Día 24

25 noviembre dUTC 2011

Hoy hemos ido al zoo. Esta mañana salí a dar una vuelta a seguir conociendo el barrio, que Jaime había salido por la noche y estuvo durmiendo hasta las once o doce.

Estuve caminando por la parte por la que no solemos ir, desde nuestra casa alejándonos de la estación. No hay mucho que ver, encontré varios supermercados pequeños, una barbería donde pregunté el precio, por si me afeitaba, y me dijo que costaba 20 euros.

En realidad iba buscando un sento (baño público japonés) que nos había recomendado Yamamoto-san. Hay  un mapa en el frigorífico donde está marcado, pero no es muy preciso y no sabía si lo encontraría. Al final, después de varias vueltas y la ayuda de Citlali lo encontré. Puede que esta noche, dentro de un rato, vaya, aún no lo sé.

Después del paseo volví a casa, nos preparamos para salir y fuimos a la estación. Como iba siendo hora de comer paramos unos minutos a tomar unos filetes empanados, arroz y sopa en el restaurante de otras veces.

Llegamos a Ueno y fuimos directamente al zoológico, que eran las dos y cerraba a las cinco. Al final hemos tenido tiempo de verlo todo sin ir con prisa. Era un zoológico bastante normal, no hay ningún animal que no se pueda encontrar en España. Donde más gente había era en los osos panda, que tienen dos, y en los reptiles.

Tenían varios aye-aye y lemures, también un gorila muy joven que no paraba de jugar y algunos animales que no tienen mucho sentido, como un conejo blanco.

La visita ha estado bien, tienen un lago muy grande lleno de nenúfares con semillas, aunque ahora no está muy bonito porque están como secos, supongo que por la época del año.

Después del zoo hemos vuelto a casa, pasado por el supermercado a comprar desayuno para mañana y cena para esta noche. Mañana iremos al mercado de pescado y a la bahía de Tokyo, tendremos que madrugar bastante, por eso no sé si iré al sento esta noche o será más adelante.

Bueno, iba a acabar la entrada cuando han llamado a la puerta de la habitación. Era Yamamoto-san, que venía a buscarnos para ir al sento. Al final no he tenido que decidir, prácticamente me ha sacado de la habitación, me ha dado tiempo a coger la chaqueta y una toalla.

Ha subido a su casa un segundo y ha cogido una bolsa en la que había una toalla, me la ha regalado para cuando vaya a estos sitios, champú, acondicionador y un jabón. Después hemos salido hacia los baños, me ha llevado todo el camino casi corriendo, y no está aquí al lado precisamente. Aunque durante todo el camino no ha parado de hablar, eso sí, en japonés y bastante rápido, me he enterado de muy poco.

Cuando hemos llegado, hemos subido a la primera planta, que es la que le toca hoy a los hombres, y hemos entrado. Yo dejé los zapatos en la puerta principal, tal y como hizo ella. Nos acercamos al mostrador y pagó mi entrada sin dejarme sacar el dinero. Después me acompañó hasta la puerta de los vestuarios y, como vio que no había nadie usándolos, entró conmigo y me explicó cómo se usa la taquilla (que son iguales que las de España, no es que fuesen muy difíciles). También me dio 100 yenes para la taquilla. Nos tiene que ver muy mala cara y pensará que no tenemos dinero.

Después se fue y entonces me acordé que mis zapatos estaba en la puerta esperándome. Cuando estaba yendo a por ellos volvió a entrar Yamamoto-san en el vestuario y me dio la llave de otra taquilla, esta estaba fuera de los vestuarios, donde había puesto mis zapatos.

Ahora hice un poco de tiempo porque acababa de entrar otro hombre al vestuario y quería ver qué hacia exactamente para imitarlo. Es bastante sencillo, te quitas toda la ropa y para dentro, a la zona de piscinas. No sabía si había que ponerse la toalla, dónde ponían el champú y esas cosas, pero después vi que cada uno lo hace de una forma distinta.

Dentro, en la zona de baño, lo primero que hice fue ducharme bien, eso sí sabía que había que hacerlo. Abrí mi paquetito esperando encontrar un gel y un champú y lo que encontré fue un gel y un suavizante. Entonces me acordé de cuando, antes de salir, le pregunté a Yamamoto-san si cogía el gel y el champú y me dijo que no hacía falta, que ella me lo daba. Jum…

Ahora, limpio y enjuagado, tocaba probar las bañeras. Había cuatro, una de agua fría (5 grados y con cubitos de hielo flotando), una caliente (42 grados) y con algo que parecía té, el agua era marrón oscura, otra muy caliente (50 grados) y distintos sistemas de hidromasajes, y la última a unos 45 grados y en la terraza.

Fui probándolas todas, empecé por la de té, aunque realmente no me di cuenta de que no era agua normal hasta que estuve dentro. Estaba muy caliente y no aguanté más de cinco minutos. Salí y me refresqué en la ducha. Decidí entrar a la de agua fría y cuando tuviese bastante frío entrar a la caliente, así o me rompía o aguantaría más.

No me rompí.

Ahora comenzó una serie de ciclos en los que fui alternando cada uno de los cinco tipos de hidromasajes de la piscina a 50 grados con baños en la piscina a 5 grados.

Por último entré en la piscina exterior, esta parecía más fresca aunque marcaba 45 grados. Lo que no pensé es que si me iba a la parte donde salía el agua esta estaría más caliente, y tuve que salir pronto porque me estaba quemando. Volví a la piscina de té y de ahí a los vestuarios de nuevo.

En total he estado más de una hora y media, de una piscina a otra. Había conmigo unos 10 u 11 japoneses y ninguno habló en ningún momento. Tampoco me trataron raro, es como si yo también fuese japonés.

Creo que repetiré, quizás una vez a la semana. Después de el rato allí me he quedado muy relajado. Aunque tengo ganas de probar otros baños que son mejores, aunque cuestan casi el triple. Pero según me ha comentado Citlali son para echar la tarde entera, incluso tienen restaurante dentro. Puede que vaya un día.

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Día 23

24 noviembre dUTC 2011

Hoy hemos pasado un día tranquilo en el parque. Ha amanecido un buen día, hacía buena temperatura y estaba despejado, así que después de desayunar decidimos que un buen destino podría ser el parque Inokashira.

De camino a la estación pasamos por una calle que suele estar llena de gente y que hoy lo estaba más que de costumbre, no sabemos el motivo. Además había más puestos de comida que el resto de días y cuando vi uno donde estaban preparando okonomiyaki de calamar por un euro y medio tuve que acercarme y comprar uno.

Estaba bastante bueno y tenía muchas patitas de calamar, aunque después vi algunos otros puestos que me habrían gustado más, pero no podíamos estar todo el día comiendo y ya había elegido.

Desde la estación tomamos la línea de siempre, la yamanote, y conectamos con la chuo, que no solemos cogerla habitualmente. Después de una media hora llegamos a la estación de destino. Desde ahí al parque no hay más de 5 minutos caminando.

El parque Inokashira no es muy conocido ni turístico, pero está muy bien. Tiene un lago donde se pueden alquilar patos para dar una vuelta. Son patos-barca, no patos vivos. También tiene un zoológico, aunque no entramos porque estamos pensando ir al de Ueno, que es más grande y con más animales.

En este momento los árboles del parque, bastante bien cuidados, están quedándose sin hojas y el suelo está totalmente cubierto por un manto marrón de hojas caídas.

Poco después de llegar volvimos atrás, cerca de la estación, y buscamos un sitio para comer, que iba siendo hora. Encontramos uno  que nos convención y yo me pedí un bol con un poco de carne encima, una ensalada y una sopa. Además venía acompañado con un huevo cerrado (con cáscara sin romper). Esta vez no fallé, la primera vez que me pusieron un huevo así en Japón, que fue en el viaje de 2008 con mi tío Jaime, pensé que era un huevo duro y no recuerdo hasta dónde llegó la clara cuando lo intenté abrir de un golpe.

Lo que he hecho esta vez, y creo que es lo que debe hacerse, ha sido romper el huevo y mezclarlo en un bol con un poco de salsa de soja, luego lo he echado sobre el arroz que había con la carne.

Después de la comida volvimos al parque y recorrimos lo que nos faltaba por ver. Estaba lleno de gente haciendo deporte y paseando los perros. Era otro tipo de parque bastante distinto a los que hemos estado.

Nos acercamos al final de parque en busca del museo Ghibli, que está allí, aún sabiendo que no teníamos entradas y que sería difícil conseguirlas. Jaime le preguntó al que recogía los tickets en la puerta y este nos dijo que podíamos comprar una entrada para  mañana o el lunes en un supermercado muy cercano.

Las entradas cuestan 10 euros pero los dos la hemos comprado sin pensarlo. ¡El lunes a las cuatro de la tarde estaremos entrando en el museo Ghibli!

De vuelta a casa hemos pasado por el supermercado de siempre y hemos comprado algo para acompañar el ramen de la cena y desayuno para mañana. Aún no sabemos qué haremos, ya lo decidiremos cuando nos levantemos.

No hay muchas fotos, pero dejo alguna. La foto de las entradas no son las entradas, son los tickets que sacamos en una especie de cajero automático que sólo estaba en japonés y que tardamos más de media hora en aprender a usar. Con ellos vamos el lunes de nuevo al cajero y nos da las entradas de verdad.

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Día 22

23 noviembre dUTC 2011

Hoy no hay fotos ni mucho que contar. No hemos hecho nada especial. Ha sido un día de turista consumista en busca de algo que comprar.

Salimos de casa por la mañana y encontramos una nueva tienda en nuestro barrio. Todos los productos, o gran parte de ellos al menos, a 100 yenes. Empezamos a recorrer los pasillos rápidamente hasta que encontramos los que nos interesaban, los de comida. Ahí nos detuvimos y repasamos cada uno de los productos. Yo tengo anotada la mayonesa y el ketchup, sobretodo este último, que no se ve tanto como cabría esperar. También me fijé que tienen los 12 paquetes de sopa a 100 yenes, que por cierto probé ayer y estaban muy sabrosos.

No compramos casi nada porque no íbamos a casa y tendríamos que cargar todo el día con las cosas, pero vi una tableta de chocolate negro que no pude dejar allí. Antes de llegar a la estación ya me la había comido.

Después de eso fuimos a Akihabara, un barrio en el que ya hemos estado al menos dos veces antes y donde se puede comprar anime, manga y gran variedad de productos electrónicos. Esta vez veníamos buscando algunas cosas que Jaime tenía que comprar antes de irse. Recorrimos muchísimas tiendas desde la primera hasta la última planta y lo encontramos todo al final del día.

En todas las tiendas íbamos preguntando como podíamos y o no tenían lo que buscábamos o se había agotado. Yo, eso sí, encontré un iPod shuffle de segunda generación a 14 euros. No me lo compré pero poco después pensé que, aunque fuese de segunda mano, estaba como nuevo, así que recorrimos varias de las tiendas por las que habíamos pasado, pues no recordaba en cuál lo había visto, y me lo compré.

Hoy hemos almorzado en el McDonalds, que nos apetecía probar la nueva oferta que han puesto de nuggets de pollo a 100 yenes. Como no comimos demasiado fuimos a un Mister Donut a tomarmos uno, que hoy por ser fiesta estaban de oferta y habían rebajado los precios.

Seguimos mirando tiendas y tiendas y por fin, en Yodobashi Akiba, una de los centros comerciales más grandes del mundo dedicado exclusivamente a electrónica y electrodomésticos, encontramos lo que buscamos.

Hace un rato hemos vuelto a casa y hemos encontrado la entrada llena de zapatos. Realmente siempre está llena de zapatos pues hay cerca de 40 pares que deben ser de las dos compañeras de casa. Hoy lo que había era una media docena extra sin colocar en las estanterías. Resulta que Citlali ha aprobado el examen de acceso a una academia de japonés y ha invitado a algunos amigos a celebrarlo en casa.

Como dije el día no tiene mucho que contar, ya se ha acabado, y no hay fotos que enseñar porque, salvo dos o tres que no tienen ningún interés, no hemos hecho ninguna.

Mañana no sabemos aún qué haremos, vamos a mirar algunas opciones ahora, como Yokohama, que tiene un edificio cuyo ascensor sube a 750 metros por minuto (45 kilómetros por hora).

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Día 21

22 noviembre dUTC 2011

Hoy ha sido un día tranquilo y muy bueno. Hemos hecho senderismo y hemos conocido a un japonés.

Por la mañana no habíamos decidido qué hacer y Jaime dijo que hacía buen día para ir al monte Fuji, pero los autobuses tardan mucho y son caros. Estuvimos mirando otra opción que habíamos pensado, el monte Takao. A este monte se llega por unos tres euros y medio, en tren y en sólo una hora, frente a los 17 euros y más de dos horas al monte Fuji.

Además, al monte Fuji no se puede subir ahora porque no es temporada, aquí en cambio podemos ir por hasta 6 rutas distintas. No es tan alto, son solo 600 metros, pero está muy bien.

Salimos de casa algo tarde y fuimos al supermercado a comprar. El desayuno y algo para almorzar. Al final compré el dulce de cuatro chocolates, que estaba muy bueno la otra vez (esta también), una bolsa con cinco bollitos rellenos de chocolate, un sandwich de ensalada de pasta y una bandeja con onigiris (arroz con algo más acompañando).

Desde la estación de Shinjuku tuvimos que llegar a la linea Keio, no nos costó mucho porque, aunque la estación es grandísima, está todo bastante bien señalizado (o es que tuvimos mucha suerte). El viaje en tren se nos hizo cortísimo. Supongo que acostumbrados a las 3 y 4 horas de viaje de estos días 50 minutos no han sido nada.

Una vez en la estación del monte elegimos una de las tres rutas que van hasta la cima (dije que había más rutas, son variaciones o intermedias). Concretamente creo que elegimos la más cansada, no había casi nadie subiendo por ella, todo el mundo bajaba, que para bajar sí estaba bien porque casi todo era cuesta abajo.

Cuando llegamos a la cima estuvimos echando un vistazo y, como eran más de las 2 de la tarde, nos sentamos a comer lo que compramos. Yo tenía mucha hambre así que me gustó todo mucho, puede que estuviese bueno aunque no tuviese hambre, pero en ese momento daba igual.

Estuvimos en la cima un buen rato buscando el monte Fuji, que se veía mal, pero se veía, y haciéndole fotos a algunos que había por allí, que parecía que estuviesen en una discoteca.

Un buen rato después comenzamos a bajar y llegamos a un árbol de unos 450 años que marca en la guía del monte por aparecer en una leyenda donde se dice que lo iban a cortar para ampliar el camino, y que a la mañana siguiente le habían salido ocho raíces similares a las patas de un pulpo (y nada más, no se mueve, ni anda, ni salta).

En ese punto se nos acercó a un japonés y nos preguntó si sabíamos algo de ese árbol. Como yo lo había leido en la guía le dije lo que había entendido, que iban a cortar el árbol para ampliar el camino y que le salieron ocho patas y se cambió de sitio.

A partir de ese momento el japonés pensó que yo estaba loco, aunque lo que dijo es que tenía mucha imaginación, como Miyazaki. Y empezó a hablar con nosotros en inglés.

Nos acompañó todo el camino de vuelta, más de una hora, y estuvo hablando de todo. Que había estado 6 meses viviendo en Méjico, dos años en California. Habló de su trabajo, nos preguntó cosas, nos explicó muchas también.

Lo estábamos pasando muy bien los tres, cuando llegamos a la estación nos preguntó si teníamos prisa por volver al hotel y rápidamente le dijimos que no. Así que nos dijo que fuésemos a tomar algo por allí cerca. Eran las seis de la tarde, así que supusimos que sería algo de beber o una merienda.

Cuando entramos él pidió por nosotros y nos trajo el camarero una cena completa a cada uno y una botella de sake para los tres. Habíamos almorzado a las dos y media y bastante comida, a las seis estábamos cenando un bol de soba (un tipo de fideos, que por cierto, nos explicó que provenían de Mongolia).

Nos enseñó cómo tenía que comerse, porque cada cuenco venía acompañado de algo distinto, el de Jaime una especie de yogur con una yema de huevo cruda encima, el suyo con tempura de gamas, setas y calabaza y el mío con una sopa de cebolleta y carne.

En la cena lo pasamos también muy bien, estuvimos hablando y riéndonos mucho. Nos explicó que aquí, para decir que te gustan los fideos que estás tomando, tienes que sorber haciendo mucho ruido, pero que tenemos que recordar no hacerlo cuando volvamos a España.

Aprovechamos que llegó el camarero para pedirle que nos hiciese una foto a los tres juntos, a Jaime, a Eisei Nakamura, que así se llama, y a mi. Cuando la hizo Eisei cogió la cámara y le dijo al camarero que se pusiese con nosotros, que ahora nos la haría el a los tres, así que tenemos dos fotos, una con Eise y otra con el camarero.

Cuando terminamos de comer, que acabamos con todo, incluso con la botella de sake, no nos dejó ni siquiera acompañarle a la puerta, dijo que lo esperásemos y que pagaba él todo. En total se gastó más de 55 euros, y lo conocíamos hacía dos horas como mucho.

Le pedimos su email para mandarle las fotos que nos hicimos. Y le diremos que si viene a Sevilla tiene que avisarnos.

Después de eso fuimos los tres juntos a la estación y nos montamos en el tren. El se bajó en la primera parada, nos despedimos y continuamos hasta la nuestra, que está bastante más lejos.

Hace un rato llegamos a casa, antes pasamos por el supermercado a comprar algo de ramen para la cena de esta noche, aunque yo no sé si cenaré, son las 10 y aún no tengo hambre. Supongo que será por haber cenado también a las seis.

Dejo algunas fotos de las que hemos hecho, sobretodo la última, de la cena con Eisei.

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Día 20

21 noviembre dUTC 2011

Ya llevamos 20 días. Parece que no pero ha pasado rápido el tiempo, más de lo que imaginaba, sobretodo estos últimos días con el pase de trenes.

Precisamente por eso, por estos días tan largos y con tanto viaje, creo que hoy hemos estado bastante cansados. De hecho nos hemos levantado y hemos estado en casa hasta bastante tarde. Hemos aprovechado eso sí para poner la segunda lavadora, ayer pusimos una cuando volvimos a casa, y recoger lo que estaba seco de ayer.

Cuando salíamos de casa vimos a Yamamoto-san en la terraza y aprovechamos para darle los dulces que le habíamos comprado hacía exactamente una semana en Kyoto. En la caja pone que no caducan hasta el 12 de diciembre así que suponemos que estarán buenos todavía. Eran unos pasteles muy sabrosos, compramos una caja en la que venían de varios sabores, algunos de castaña, otros de chocolate, de judías y creo que alguno de té.

Como imaginábamos, después de darle los dulces, entró en su casa y nos dio unos regalos. Esta vez no fue comida, eran unos calendarios japoneses y unos palillos y tenedores (tenedores japoneses). Si no me enteré mal, porque lo dijo en japonés y no sé tanto como debería, ya lo tenía comprado y nos lo iba a dar antes de que nos fuésemos, pero aprovechó ahora para que no se le olvidase.

Cuando salimos de casa ya era casi la hora de comer así que en lugar de arriesgarnos y tener que buscar un sitio en Shinjuku, preferimos comer en nuestro barrio. Fuimos a uno de los de siempre pero probamos platos nuevos. A mí el que elegí me gustó mucho, el plato principal tiene lechuga y dos filetes muy ricos empanados y fritos. Lo acompañan un cuenco de sopa y un bol de arroz, además de la salta para los filetes. En total algo menos de 5 euros.

Del restaurante a la estación, que hay 100 metros, y a Shinjuku. Con el buen día que hacia decidimos hacer un segundo intento en el ayuntamiento para ver si podíamos ver todo Tokyo de día y tuvimos suerte. Había algunas nubes a lo lejos que impedían ver el monte Fuji pero que quedaban muy bien. El resto de las vistas no tenía ninguna nube y se veían las montañas.

Estuvimos en el mirador bastante tiempo esperando que llegase el atardecer para verlo desde allí y coincidió con las únicas nubes que había.

Después del ayuntamiento fuimos a Shinjuku Golden Gai, con ese nombre podéis pensar cosas que no son. Es un barrio muy curioso de Tokyo. En realidad son solo cinco calles paralelas de menos de 100 metros, pero tienen más de 200 bares, la mayoría de ellos de los años 60.

Estuvimos dando una vuelta y grabando algún vídeo por allí, sobretodo por unos callejones muy estrechos que unen las calles y por donde no pasa más de una persona a la vez. En fila pasan muchos, uno detrás de otro y en la misma dirección, claro.

Encontramos, cuando ya nos íbamos, una tienda donde tenían cientos de productos, sobretodo alimentos, a 100 yenes. Estuvimos un buen rato mirando todo lo que había y al final nos decidimos a comprar algunas cosas. Lo que más me ha gustado es un paquete con el preparado para hacer 12 sopas como las que tomamos en el restaurante. En total sale cada sopa a 8.3 yenes, baratísimo. Esta noche creo que me pondré una a ver si realmente merece la pena comprarlas o no saben bien.

Volvimos a casa y recogimos la ropa que tendimos esta mañana. Ya estaba seca o casi seca. También nos cruzamos con Yamamoto-san, que acababa de llegar y con Andrew.

Andrew es un nuevo/viejo inquilino. Nuevo porque esta noche es cuando va a empezar a alojarse en la casa y viejo porque ya estuvo viviendo aquí hace unos meses. Es australiano y sólo habla inglés y un poco de japonés. Lo conocimos anoche, que empezó a traer cosas a su habitación.

Ah, acaba de llamar Yamamoto-san a nuestra puerta para convencernos y que vayamos a unos baños que hay cerca de casa, que vayamos este viernes porque habrá poca gente y que nos va a sentar muy bien. Jaime no está muy convencido, a ver qué hacemos. Que no se me olvide, nos ha traído dos plátanos y dos caquis.

Las fotos de hoy son todas de Jaime, que yo hoy he salido sólo con el pasaporte y algo de dinero.

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